Aprendí que la medicina no está solo en la planta, sino en cómo elegimos vivir después de ella.
El verdadero trabajo es la integración, cómo volvemos al mundo, cómo agradecemos, cómo cuidamos lo que entendimos.
Ese es el espíritu que hoy guía mi forma de acompañar, unir lo visible con lo invisible, lo terapéutico con lo ceremonial, lo cotidiano con lo sagrado.
No hablo desde la teoría, sino desde lo que caminé —con respeto, con cuerpo y con alma. No es sencillo describir todas las experiencias que tuve con las medicinas que nombre y muchas mas, agradezco tanto todo lo que el maestro y la machi me enseñaron, sobre todo la ética y el cuidado, algo que decían
Las plantas no se ‘usan’. Quien ofrece sin haber caminado su propio proceso, sin haber hecho su entrega ni guardado silencio, le quita algo a los espíritus de la selva, y ellos no castigan, pero retiran su confianza.
La medicina no se sostiene desde el poder, sino desde el servicio y la reciprocidad.